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EL LOTÓFAGO: En la mayor parte de las biografías que se manejan sobre ti siempre se habla de tu formación autodidacta. Me gustaría que nos hablases de esto, de hasta qué punto es posible dar los primeros pasos a solas, de tus referentes iniciales, si es que los tenías.

Juan Luis Goenaga: He pintado desde muy niño. En la escuela, en el bachiller, hasta en las clases de matemáticas. Tengo óleos pintados a los 8 años. Las continuas visitas al Museo de San Telmo, donde vi las primeras exposiciones tanto de paisajistas como expresionistas fueron cruciales. Recuerdo cuadros de Benjamín Palencia y también una exposición sobre expresionismo alemán en 1966. En San Sebastián también había galerías donde siempre se veía buena pintura, Salas Aranaz-Darrás por ejemplo. Esos serían mis primeros referentes.

 

EL: ¿Cuándo y por qué comienza tu trasiego por Europa? Se habla del impacto de la American Center For Student and artist. ¿Qué viste allí, qué te sacudió?

JLG: Más que trasiego fue ponerme al día de lo que se hacía en París, Londres, Amsterdam y Roma. Aunque, tanto o más que el arte contemporáneo, me han interesado también otros tipos de museos. París ha sido mi referente central en cuanto a arte contemporáneo. Mis estancias allí han sido cíclicas. Gustave Moreau, Matisse, Picasso, Modigliani, Suport-Surface, la revista Art Vivant... Durante mi estancia en el American Center me dediqué también a la escultura. Y después, la vuelta al caserío, a un medio totalmente rural, pero no demasiado lejos de San Sebastián.

EL: Asimismo son abundantes los comentaristas de tu obra que han hablado de la influencia de Giacometti y de los expresionistas rusos. ¿Es cierto, un tópico, cuáles de todos estos artistas forman un horizonte en el que fijarse?

JLG: Las primeras exposiciones de Giacometti creo recordar que las vi en la Galería Maeght. Por entonces me interesaban mucho sus dibujos y retratos. En cuanto a los expresionistas rusos también los pude ver en París y me parecieron muy barrocos y duros, pero me interesaban como toda la pintura en general.

EL: ¿Cómo incorporar más tarde lo universal a lo local? ¿Consideras que se trata de adjetivos opuestos?

JLG: Mi interés por la pintura ha sido siempre paralela a la antropología y, sobre todo, a la arqueología más lo referido al mundo vegetal y animal. De hecho, siempre he pintado lo más familiar y cercano: un trozo de arcilla, un manojo de hierbas, o un trozo de fósil te pueden llevar a territorios insospechados. Sí, la naturaleza ha sido un elemento clave en toda mi pintura.

 
 

EL: Estaría interesada en que comentaras que supuso el año 1985, año en el que ya te consolidas como pintor, ¿o  no crees en los premios?

JLG: Creo que te refieres a varios premios y reconocimientos que tuve entre el 84 y el 85. Reconozco que los premios son una ayuda en momentos de inseguridades.

EL: ¿Con qué “escuela” pictórica te sientes más afín, pese a tu incombustible individualidad?

JLG: Más que de escuelas diría que lo que tengo son afinidades con diferentes pintores. Mezclo al pintor de las cuevas, Altxerri, Ekain, Rouffignac, con Rembrandt, Picasso, Van Gogh o Benjamín Palencia. Y hablando de pintores más cercanos me identifico por generación con todos los pintores de la llamada Transvanguardia.

EL: En tu búsqueda expresiva comienzas por lo paisajístico, luego saltas a una mayor figuración, ¿a qué se debe ese cambio?

JLG: El tema del paisaje siempre ha estado muy presente en mi pintura. Me interesan los colores terrosos, rojizos del paisaje castellano. Tiermes en Soria ha sido un referente, un lugar mágico como vivencia. Cada vez me interesan más las figuras y personajes que empiezan a poblar los cuadros. Son como pequeños gnomos que aparecen y desaparecen entre las manchas y pigmentos.

 
 

EL: ¿Hasta qué punto el arte abstracto no puede considerarse una radiografía personal?

JLG: Me cuesta hablar de abstracción en mi pintura ya que antes o después siempre hay referentes, recuerdos de figuras, paisajes, sombras....

EL: Se ha hablado también mucho de tu paleta colorística. ¿Puedes resumírnosla, explicarnos, aunque sea de modo muy somero, que representa para ti cada color?
 
JLG: Me interesan más las gamas tonales que los contrastes de color. Cada color en sí es ya una revelación. Nunca sabes qué color te va a poder en un cuadro y te dejas guiar la mano. De todas formas siempre es un retorno a los ocres, tierras, sienas, grises calizos, negros... Cada color tiene su energía. Siempre me ha interesado la pintura al óleo, esa densidad, pastosidad, fluidez, dureza. Cada día le veo nuevas posibilidades a los aceites, barnices, como si fuera un médium. Es mi cocina, con mis sartenes y todo, normalmente sucia, grasienta, aceitosa... Es la sensación de la libertad del niño, a lo que aspiramos casi todos los pintores.

EL: Y la pregunta final de rigor, ¿en qué estás trabajando en los últimos tiempos?

JLG: Trabajo con la mayor libertad posible. Al final todo tiene un sentido dentro del cuadro, hasta el color más estridente.
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EL LOTÓFAGO: En la mayor parte de las biografías que se manejan sobre ti siempre se habla de tu formación autodidacta. Me gustaría que nos hablases de esto, de hasta qué punto es posible dar los primeros pasos a solas, de tus referentes iniciales, si es que los tenías.

Juan Luis Goenaga: He pintado desde muy niño. En la escuela, en el bachiller, hasta en las clases de matemáticas. Tengo óleos pintados a los 8 años. Las continuas visitas al Museo de San Telmo, donde vi las primeras exposiciones tanto de paisajistas como expresionistas fueron cruciales. Recuerdo cuadros de Benjamín Palencia y también una exposición sobre expresionismo alemán en 1966. En San Sebastián también había galerías donde siempre se veía buena pintura, Salas Aranaz-Darrás por ejemplo. Esos serían mis primeros referentes.

 

EL: ¿Cuándo y por qué comienza tu trasiego por Europa? Se habla del impacto de la American Center For Student and artist. ¿Qué viste allí, qué te sacudió?

JLG: Más que trasiego fue ponerme al día de lo que se hacía en París, Londres, Amsterdam y Roma. Aunque, tanto o más que el arte contemporáneo, me han interesado también otros tipos de museos. París ha sido mi referente central en cuanto a arte contemporáneo. Mis estancias allí han sido cíclicas. Gustave Moreau, Matisse, Picasso, Modigliani, Suport-Surface, la revista Art Vivant... Durante mi estancia en el American Center me dediqué también a la escultura. Y después, la vuelta al caserío, a un medio totalmente rural, pero no demasiado lejos de San Sebastián.

EL: Asimismo son abundantes los comentaristas de tu obra que han hablado de la influencia de Giacometti y de los expresionistas rusos. ¿Es cierto, un tópico, cuáles de todos estos artistas forman un horizonte en el que fijarse?

JLG: Las primeras exposiciones de Giacometti creo recordar que las vi en la Galería Maeght. Por entonces me interesaban mucho sus dibujos y retratos. En cuanto a los expresionistas rusos también los pude ver en París y me parecieron muy barrocos y duros, pero me interesaban como toda la pintura en general.

EL: ¿Cómo incorporar más tarde lo universal a lo local? ¿Consideras que se trata de adjetivos opuestos?

JLG: Mi interés por la pintura ha sido siempre paralela a la antropología y, sobre todo, a la arqueología más lo referido al mundo vegetal y animal. De hecho, siempre he pintado lo más familiar y cercano: un trozo de arcilla, un manojo de hierbas, o un trozo de fósil te pueden llevar a territorios insospechados. Sí, la naturaleza ha sido un elemento clave en toda mi pintura.

 
 

EL: Estaría interesada en que comentaras que supuso el año 1985, año en el que ya te consolidas como pintor, ¿o  no crees en los premios?

JLG: Creo que te refieres a varios premios y reconocimientos que tuve entre el 84 y el 85. Reconozco que los premios son una ayuda en momentos de inseguridades.

EL: ¿Con qué “escuela” pictórica te sientes más afín, pese a tu incombustible individualidad?

JLG: Más que de escuelas diría que lo que tengo son afinidades con diferentes pintores. Mezclo al pintor de las cuevas, Altxerri, Ekain, Rouffignac, con Rembrandt, Picasso, Van Gogh o Benjamín Palencia. Y hablando de pintores más cercanos me identifico por generación con todos los pintores de la llamada Transvanguardia.

EL: En tu búsqueda expresiva comienzas por lo paisajístico, luego saltas a una mayor figuración, ¿a qué se debe ese cambio?

JLG: El tema del paisaje siempre ha estado muy presente en mi pintura. Me interesan los colores terrosos, rojizos del paisaje castellano. Tiermes en Soria ha sido un referente, un lugar mágico como vivencia. Cada vez me interesan más las figuras y personajes que empiezan a poblar los cuadros. Son como pequeños gnomos que aparecen y desaparecen entre las manchas y pigmentos.

 
 

EL: ¿Hasta qué punto el arte abstracto no puede considerarse una radiografía personal?

JLG: Me cuesta hablar de abstracción en mi pintura ya que antes o después siempre hay referentes, recuerdos de figuras, paisajes, sombras....

EL: Se ha hablado también mucho de tu paleta colorística. ¿Puedes resumírnosla, explicarnos, aunque sea de modo muy somero, que representa para ti cada color?
 
JLG: Me interesan más las gamas tonales que los contrastes de color. Cada color en sí es ya una revelación. Nunca sabes qué color te va a poder en un cuadro y te dejas guiar la mano. De todas formas siempre es un retorno a los ocres, tierras, sienas, grises calizos, negros... Cada color tiene su energía. Siempre me ha interesado la pintura al óleo, esa densidad, pastosidad, fluidez, dureza. Cada día le veo nuevas posibilidades a los aceites, barnices, como si fuera un médium. Es mi cocina, con mis sartenes y todo, normalmente sucia, grasienta, aceitosa... Es la sensación de la libertad del niño, a lo que aspiramos casi todos los pintores.

EL: Y la pregunta final de rigor, ¿en qué estás trabajando en los últimos tiempos?

JLG: Trabajo con la mayor libertad posible. Al final todo tiene un sentido dentro del cuadro, hasta el color más estridente.