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  Jordi Doce: La voz y el sentido. Por Andrés Sánchez Robayna
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JORDI DOCE: LA VOZ Y EL SENTIDO

Por Andrés Sánchez Robayna


                                                                                        
Jordi DoceEntre los poetas españoles dados a conocer en los últimos años, pocos como Jordi Doce (Gijón, 1967) han encontrado antes su propia voz y, más aún, su latitud en el marco presente de la escritura poética en lengua española. Un marco cambiante y muchas veces confuso, es decir, hecho de contradicciones, de retrocesos y de avances, de búsquedas y de hallazgos pendientes de confirmación; de provisionalidad, en suma. Dentro de ese marco, ciertas voces jóvenes se dejan oír con nitidez suficiente y se suman al concierto de la poesía contemporánea. Dicho de otro modo: ciertas voces hacen ya una clara aportación al Poema que, según Shelley, componen todos los poemas de una época. La de Jordi Doce es una de ellas.            

No he mencionado de manera aleatoria a un lírico británico. Por elección y por formación —y tal vez por destino, si por destino se entiende, además de un fatum, una vocación y una dedicación—, Jordi Doce ha hecho de su diálogo con la lengua y la poesía inglesas, así como de los trasvases y las relaciones de esa lengua con la lengua y la tradición hispánicas, una red de incontables sugestiones y de insospechado enriquecimiento expresivo. En un poema de especial significación, ‘Traductor’ (de Otras lunas, 2002), el poeta habla de una voz que, por un momento, cree desconocerse y piensa que los poetas que ha traducido podrían alguna vez rebelarse porque «bajo sus nombres daba a ocultas / la historia de mis días». Tal vez los distintos poetas de lengua inglesa traducidos —admirablemente traducidos— por Jordi Doce (William Blake y S. T. Coleridge, T. S. Eliot y Charles Tomlinson, Ted Hugues y Geoffrey Hill, entre otros) podrían, imaginando de otro modo, y acaso con más posibilidades de acierto, agradecer que haya sido precisamente en la voz de este traductor como han sido más ellos mismos; es decir, en la realización de una verdadera escucha —en la interpretación y la traslación personales de esa escucha.
 
           Al mencionar este factor esencial de la personalidad poética de Jordi Doce —su privilegiada dedicación al diálogo aludido entre dos lenguas y dos tradiciones literarias—, no he hecho más que recordar un dato igualmente esencial de la latitud a que me refería al comienzo de estas líneas. Desde La anatomía del miedo (1994) hasta el ya citado Otras voces, pasando por Diálogo en la sombra (1997) y Lección de permanencia (2000), Jordi Doce ha hecho del poema un campo de pruebas en el que llevar a cabo el análisis (siempre irremediablemente lírico) de situaciones de la imaginación y del espíritu, confrontados éstos, en todo momento, no a lo ideal o lo abstracto sino a lo existente, a la materialidad del mundo. Poemas de dibujo preciso, en ocasiones fuertemente apegados a su anécdota o correlato, siempre tensos entre acción y contemplación, y propuestos a la conciencia como modos de acceso a la legibilidad del yo y del mundo. Una legibilidad que no es explicación ni de uno ni de otro, sino, por el contrario, una profundización en su misterio. Una profundización verbal mediante la construcción de una naturaleza autónoma, de una «sobrenaturaleza».
            En unas recientes declaraciones habla Jordi Doce del poema como, entre otras cosas, un «diálogo entre mirada y memoria». El poema no sólo se nutre o se compone de memoria, sino que aspira a ser, él mismo, memoria. Hay numerosos testimonios de este designio en la escritura de nuestro poeta hasta hoy. Véase, por ejemplo, ‘Regreso a Sheffield’ (de Diálogo en la sombra), uno de sus poemas más explícitos en ese sentido. Que las palabras —parece decírsenos en el poema— digan el sentido de un tiempo. Pero el sentido está en ellas mismas. «Tu ciudad era espejo / donde lentas palabras / te miraron mirándola.» Son las palabras —que saben más que nosotros— quienes nos contemplan. Es esa, a mi ver, la mejor lección de permanencia que ha dado hasta hoy la voz de Jordi Doce.
Jordi Doce
http://jordidoce.blogspot.com/
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JORDI DOCE: LA VOZ Y EL SENTIDO

Por Andrés Sánchez Robayna


                                                                                        
Jordi DoceEntre los poetas españoles dados a conocer en los últimos años, pocos como Jordi Doce (Gijón, 1967) han encontrado antes su propia voz y, más aún, su latitud en el marco presente de la escritura poética en lengua española. Un marco cambiante y muchas veces confuso, es decir, hecho de contradicciones, de retrocesos y de avances, de búsquedas y de hallazgos pendientes de confirmación; de provisionalidad, en suma. Dentro de ese marco, ciertas voces jóvenes se dejan oír con nitidez suficiente y se suman al concierto de la poesía contemporánea. Dicho de otro modo: ciertas voces hacen ya una clara aportación al Poema que, según Shelley, componen todos los poemas de una época. La de Jordi Doce es una de ellas.            

No he mencionado de manera aleatoria a un lírico británico. Por elección y por formación —y tal vez por destino, si por destino se entiende, además de un fatum, una vocación y una dedicación—, Jordi Doce ha hecho de su diálogo con la lengua y la poesía inglesas, así como de los trasvases y las relaciones de esa lengua con la lengua y la tradición hispánicas, una red de incontables sugestiones y de insospechado enriquecimiento expresivo. En un poema de especial significación, ‘Traductor’ (de Otras lunas, 2002), el poeta habla de una voz que, por un momento, cree desconocerse y piensa que los poetas que ha traducido podrían alguna vez rebelarse porque «bajo sus nombres daba a ocultas / la historia de mis días». Tal vez los distintos poetas de lengua inglesa traducidos —admirablemente traducidos— por Jordi Doce (William Blake y S. T. Coleridge, T. S. Eliot y Charles Tomlinson, Ted Hugues y Geoffrey Hill, entre otros) podrían, imaginando de otro modo, y acaso con más posibilidades de acierto, agradecer que haya sido precisamente en la voz de este traductor como han sido más ellos mismos; es decir, en la realización de una verdadera escucha —en la interpretación y la traslación personales de esa escucha.
 
           Al mencionar este factor esencial de la personalidad poética de Jordi Doce —su privilegiada dedicación al diálogo aludido entre dos lenguas y dos tradiciones literarias—, no he hecho más que recordar un dato igualmente esencial de la latitud a que me refería al comienzo de estas líneas. Desde La anatomía del miedo (1994) hasta el ya citado Otras voces, pasando por Diálogo en la sombra (1997) y Lección de permanencia (2000), Jordi Doce ha hecho del poema un campo de pruebas en el que llevar a cabo el análisis (siempre irremediablemente lírico) de situaciones de la imaginación y del espíritu, confrontados éstos, en todo momento, no a lo ideal o lo abstracto sino a lo existente, a la materialidad del mundo. Poemas de dibujo preciso, en ocasiones fuertemente apegados a su anécdota o correlato, siempre tensos entre acción y contemplación, y propuestos a la conciencia como modos de acceso a la legibilidad del yo y del mundo. Una legibilidad que no es explicación ni de uno ni de otro, sino, por el contrario, una profundización en su misterio. Una profundización verbal mediante la construcción de una naturaleza autónoma, de una «sobrenaturaleza».
            En unas recientes declaraciones habla Jordi Doce del poema como, entre otras cosas, un «diálogo entre mirada y memoria». El poema no sólo se nutre o se compone de memoria, sino que aspira a ser, él mismo, memoria. Hay numerosos testimonios de este designio en la escritura de nuestro poeta hasta hoy. Véase, por ejemplo, ‘Regreso a Sheffield’ (de Diálogo en la sombra), uno de sus poemas más explícitos en ese sentido. Que las palabras —parece decírsenos en el poema— digan el sentido de un tiempo. Pero el sentido está en ellas mismas. «Tu ciudad era espejo / donde lentas palabras / te miraron mirándola.» Son las palabras —que saben más que nosotros— quienes nos contemplan. Es esa, a mi ver, la mejor lección de permanencia que ha dado hasta hoy la voz de Jordi Doce.
Jordi Doce
http://jordidoce.blogspot.com/