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La batalla de los artistas por enriquecer a sus herederos

  

El mismo día que un estudio de Francis Bacon, fallecido en 1992, fue vendido en 17,3 millones de libras en la mayor subasta de arte contemporáneo de Christie’s, un grupo de artistas dio el pistoletazo de salida a lo que sería una larga batalla. ¿Deberían sus herederos beneficiarse de los derechos de autor de tales ventas? Liderados por Damien Hirst, el artista británico más exitoso comercialmente, más de quinientos artistas cosignantes se dirigieron al Telegraph urgiendo al gobierno a otorgarles tal derecho. “Nuestras seres queridos a menudo sacrifican mucho para apoyar a un artista en la familia”, decía la carta, y lo único claro en el alegato es que querían una parte de los beneficios.


Durante los últimos dos años se ha dedicado a los artistas un 4% del precio de una obra de arte vendida por una casa de subastas o un marchante por este concepto. Las ventas de menos de 1000 € están exentas del mismo y 500.000 € se ha establecido como máximo. En la Unión Europea el impuesto es exigible para ventas de artistas vivos o para los herederos de artistas fallecidos hace menos de setenta años; en Inglaterra sólo se tiene en cuenta a los artistas vivos. La Unión ha permitido una moratoria hasta el 2012 para la aplicación de este impuesto en Inglaterra. Hirst y sus acólitos quieren estar seguros de que no se demorará más.
 

La imagen del artista  sin un duro, famélico en su buhardilla, causa un gran efecto pero no goza de lógica comercial. El derecho de reventa de los artistas, ARR (Loi de suite), sin embargo beneficia a una pequeña porción de artistas en contra de lo que sus defensores pudieran creer. Un estudio financiado por Antiques Trade Gazette muestra que durante los dieciocho meses en que se ha seguido la evolución del impuesto, hasta agosto de 2007, el ochenta por ciento del dinero recaudado ha ido a manos de menos del 10% de los 1104 artistas destinatarios y más del 30% de estos artistas ha percibido menos de 100 libras cada uno. También se ha probado que es un impuesto engorroso y difícil de recaudar.
 

Más serio es el efecto que el sobrecosto de comprar y vender puede tener sobre Londres como mercado de arte. Coleccionistas y curadores se dan cita dos veces al año en la temporada de subastas. Visitan a marchantes y se encuentran con artistas, a quienes de otra manera nunca llegarían a conocer. Pero la gente que vende arte en las subastas londinenses es muy consciente de que podría vender en cualquier otro sito: en Nueva York, en Ginebra o Hong Kong, donde el mercado de arte chino contemporáneo ha crecido el 1000% en el período comprendido entre 2003 y 2006.
 

Añadiendo al costo de compraventa el 4% del ARR nos aseguramos de que más y más gente reciba los derechos de autor, pero no muchos más. (La Loi de Suite en Francia ha destinado el Bocado del León principalmente a siete familias, la mayor parte de las cuales están muy bien situadas, incluidas la familia Picasso y Matisse.) Esto hará poco por Londres como centro del mercado de arte mundial y aún menos por la calidad de su arte.


Artículo extraído de The Economist, 3 de julio de 2008
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La batalla de los artistas por enriquecer a sus herederos

  

El mismo día que un estudio de Francis Bacon, fallecido en 1992, fue vendido en 17,3 millones de libras en la mayor subasta de arte contemporáneo de Christie’s, un grupo de artistas dio el pistoletazo de salida a lo que sería una larga batalla. ¿Deberían sus herederos beneficiarse de los derechos de autor de tales ventas? Liderados por Damien Hirst, el artista británico más exitoso comercialmente, más de quinientos artistas cosignantes se dirigieron al Telegraph urgiendo al gobierno a otorgarles tal derecho. “Nuestras seres queridos a menudo sacrifican mucho para apoyar a un artista en la familia”, decía la carta, y lo único claro en el alegato es que querían una parte de los beneficios.


Durante los últimos dos años se ha dedicado a los artistas un 4% del precio de una obra de arte vendida por una casa de subastas o un marchante por este concepto. Las ventas de menos de 1000 € están exentas del mismo y 500.000 € se ha establecido como máximo. En la Unión Europea el impuesto es exigible para ventas de artistas vivos o para los herederos de artistas fallecidos hace menos de setenta años; en Inglaterra sólo se tiene en cuenta a los artistas vivos. La Unión ha permitido una moratoria hasta el 2012 para la aplicación de este impuesto en Inglaterra. Hirst y sus acólitos quieren estar seguros de que no se demorará más.
 

La imagen del artista  sin un duro, famélico en su buhardilla, causa un gran efecto pero no goza de lógica comercial. El derecho de reventa de los artistas, ARR (Loi de suite), sin embargo beneficia a una pequeña porción de artistas en contra de lo que sus defensores pudieran creer. Un estudio financiado por Antiques Trade Gazette muestra que durante los dieciocho meses en que se ha seguido la evolución del impuesto, hasta agosto de 2007, el ochenta por ciento del dinero recaudado ha ido a manos de menos del 10% de los 1104 artistas destinatarios y más del 30% de estos artistas ha percibido menos de 100 libras cada uno. También se ha probado que es un impuesto engorroso y difícil de recaudar.
 

Más serio es el efecto que el sobrecosto de comprar y vender puede tener sobre Londres como mercado de arte. Coleccionistas y curadores se dan cita dos veces al año en la temporada de subastas. Visitan a marchantes y se encuentran con artistas, a quienes de otra manera nunca llegarían a conocer. Pero la gente que vende arte en las subastas londinenses es muy consciente de que podría vender en cualquier otro sito: en Nueva York, en Ginebra o Hong Kong, donde el mercado de arte chino contemporáneo ha crecido el 1000% en el período comprendido entre 2003 y 2006.
 

Añadiendo al costo de compraventa el 4% del ARR nos aseguramos de que más y más gente reciba los derechos de autor, pero no muchos más. (La Loi de Suite en Francia ha destinado el Bocado del León principalmente a siete familias, la mayor parte de las cuales están muy bien situadas, incluidas la familia Picasso y Matisse.) Esto hará poco por Londres como centro del mercado de arte mundial y aún menos por la calidad de su arte.


Artículo extraído de The Economist, 3 de julio de 2008