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Entre la inspiración y la responsabilidad por Vicente Luis Mora

 

W. H. Auden
Los señores del límite. Selección de poemas y ensayos (1927-1973)
Galaxia Gutemberg / Círculo de Lectores, Barcelona, 2007

 

La poesía de Wystan Hugh Auden (1907) ha tenido una extraña suerte en nuestra tierra, donde ha sufrido dos recepciones, una fílmica y otra poética, y ninguna de ellas atinada. Famoso temporalmente a causa de la película Cuatro bodas y un funeral, donde su “Funeral blues” creaba el cenit emotivo del filme, Auden ha sufrido su presentación por muchos interesados como un poeta normalizado, alguien que defendía una línea clara de poesía emparentable con la de Machado, por ejemplo, o defensor de posturas coloquiales y confesionales, como ha señalado agudamente Jaime Siles (“Poesía hispánica y modernidad literaria”, en A. Sánchez Robayna y Jordi Doce [eds.], Poesía hispánica contemporánea; Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores, Barcelona, 2005, p. 81). En realidad, la postura, tanto práctica (no hay más que ver los fragmentos aquí rescatados de The Mirror and the Sea) como teórica (salvo excepciones, como cuando señala que “los poetas (…) no pueden acogerse a una inmunidad oracular”, p. 394), no apuntan a lo contrario, pero sí a un interesante espacio intermedio. En este último sentido, sentencia Auden en el ensayo “Escribir”, incluido en este volumen: “¡Qué suerte la del matemático! Es juzgado únicamente por sus colegas y el baremo es tan alto que ningún colega o rival puede alcanzar una reputación inmerecida. Ninguna cajera escribe una carta a la prensa para quejarse de la ininteligibilidad de las matemáticas modernas y compararla desfavorablemente con los viejos tiempos” (p. 376). Que Auden fuera un antivanguardista (p. 382), como muchos de quienes lo han llamado a filas, que vindicara la responsabilidad de lo escrito, que defendiera ocasionalmente la poesía menor –sin dejar de definirla como no seria, p. 399–, no lo convierte en el realista urbano que muchos han presentado como “precursor” de la poesía de la normalidad: su clasicismo es en muchos de sus períodos harto complejo, onírico en momentos puntuales, y siempre de una grandeza y una amplitud intelectual de miras (¿cuántos poetas españoles, vivos o muertos, podrían hacer algo parecido a “Calibán al público”?) que configuran a su lírica como un antídoto masivo contra realismos paticortos e ingenuos. Es cierto que en algunos momentos, como en el poema “Hablando conmigo mismo”, el tono conversacional y autocrítico nos recuerda mucho a Gil de Biedma, pero habría que aclarar que Gil de Biedma tiene, por desgracia, muy poco que ver con la poesía de la experiencia, que nunca estuvo a la altura intelectual –ni poética– del maestro. En esta recopilación podemos ver poemas maravillosos por su grandeza (como “Dichtung und Warheit”, “1929” o “No, Platón, no”) y otros exquisitos por su tratamiento lírico: una coexistencia que él mismo defendió como lógica, ya que “nada es peor que un mal poema que pretendía ser grande” (p. 400).

La edición de Círculo de Lectores / Galaxia Gutenberg es, como todas la de esta colección de poesía, encomiable, con notables traducción e introducción de Jordi Doce, que pone en contexto algunas notas biográficas de Auden y contribuyen a esclarecer algún aspecto puntual, como su vinculación la Guerra Civil española (de la que Auden volvió, como escribiese agudamente John Deedy, no se sabe si más sabio o más triste). Más tarde Orwell escribió sobre aquellas aventuras marxistas de poetas ingleses en términos bastante críticos, comparando a Auden con un Kipling sin redaños. Pero la cuestión es que, como señala Doce en su prólogo, Auden salió de la experiencia con la realidad grosera concluyendo que sí, que la poesía debe ser una ficción, pero una “ficción responsable” (p. 28), sobre la que el autor debe funcionar, a un tiempo, como creador y como “censor” (p. 395).

La traducción serena y sin excesos de Jordi Doce prefiere un buen poema en español como resultado de la traducción a una traslación absolutamente fiel. Ejemplo de ello es el poema “Who’s who”, en el que la rapidez del original acumula tan información que hay que dejar sin traducir términos como “giddy” o “new” para no sacrificar el poema. Las ediciones bilingües, que permiten la confrontación instantánea con el texto original, permiten y hasta hacen recomendable limitar la traslación a la búsqueda de un buen poema de recepción, ya que nada más fiel al texto base que el original mismo. En ese aspecto, las versiones de Doce son sensibles al espíritu y los rasgos de Auden y comparecen como excelentes poemas en castellano, manteniendo incluso la rima allí donde ésta es significativamente irónica (pp. 103-105).

La excelencia de los poemas y el gran interés de los ensayos, más sugestivos como colección de aforismos o pensamientos inteligentes que como reflexiones sistemáticas de gran calado sobre la naturaleza de la poesía, hacen de este volumen uno de esos escasos ejemplos de lo que podemos definir como novedad imprescindible. No lo dejen.

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Entre la inspiración y la responsabilidad por Vicente Luis Mora

 

W. H. Auden
Los señores del límite. Selección de poemas y ensayos (1927-1973)
Galaxia Gutemberg / Círculo de Lectores, Barcelona, 2007

 

La poesía de Wystan Hugh Auden (1907) ha tenido una extraña suerte en nuestra tierra, donde ha sufrido dos recepciones, una fílmica y otra poética, y ninguna de ellas atinada. Famoso temporalmente a causa de la película Cuatro bodas y un funeral, donde su “Funeral blues” creaba el cenit emotivo del filme, Auden ha sufrido su presentación por muchos interesados como un poeta normalizado, alguien que defendía una línea clara de poesía emparentable con la de Machado, por ejemplo, o defensor de posturas coloquiales y confesionales, como ha señalado agudamente Jaime Siles (“Poesía hispánica y modernidad literaria”, en A. Sánchez Robayna y Jordi Doce [eds.], Poesía hispánica contemporánea; Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores, Barcelona, 2005, p. 81). En realidad, la postura, tanto práctica (no hay más que ver los fragmentos aquí rescatados de The Mirror and the Sea) como teórica (salvo excepciones, como cuando señala que “los poetas (…) no pueden acogerse a una inmunidad oracular”, p. 394), no apuntan a lo contrario, pero sí a un interesante espacio intermedio. En este último sentido, sentencia Auden en el ensayo “Escribir”, incluido en este volumen: “¡Qué suerte la del matemático! Es juzgado únicamente por sus colegas y el baremo es tan alto que ningún colega o rival puede alcanzar una reputación inmerecida. Ninguna cajera escribe una carta a la prensa para quejarse de la ininteligibilidad de las matemáticas modernas y compararla desfavorablemente con los viejos tiempos” (p. 376). Que Auden fuera un antivanguardista (p. 382), como muchos de quienes lo han llamado a filas, que vindicara la responsabilidad de lo escrito, que defendiera ocasionalmente la poesía menor –sin dejar de definirla como no seria, p. 399–, no lo convierte en el realista urbano que muchos han presentado como “precursor” de la poesía de la normalidad: su clasicismo es en muchos de sus períodos harto complejo, onírico en momentos puntuales, y siempre de una grandeza y una amplitud intelectual de miras (¿cuántos poetas españoles, vivos o muertos, podrían hacer algo parecido a “Calibán al público”?) que configuran a su lírica como un antídoto masivo contra realismos paticortos e ingenuos. Es cierto que en algunos momentos, como en el poema “Hablando conmigo mismo”, el tono conversacional y autocrítico nos recuerda mucho a Gil de Biedma, pero habría que aclarar que Gil de Biedma tiene, por desgracia, muy poco que ver con la poesía de la experiencia, que nunca estuvo a la altura intelectual –ni poética– del maestro. En esta recopilación podemos ver poemas maravillosos por su grandeza (como “Dichtung und Warheit”, “1929” o “No, Platón, no”) y otros exquisitos por su tratamiento lírico: una coexistencia que él mismo defendió como lógica, ya que “nada es peor que un mal poema que pretendía ser grande” (p. 400).

La edición de Círculo de Lectores / Galaxia Gutenberg es, como todas la de esta colección de poesía, encomiable, con notables traducción e introducción de Jordi Doce, que pone en contexto algunas notas biográficas de Auden y contribuyen a esclarecer algún aspecto puntual, como su vinculación la Guerra Civil española (de la que Auden volvió, como escribiese agudamente John Deedy, no se sabe si más sabio o más triste). Más tarde Orwell escribió sobre aquellas aventuras marxistas de poetas ingleses en términos bastante críticos, comparando a Auden con un Kipling sin redaños. Pero la cuestión es que, como señala Doce en su prólogo, Auden salió de la experiencia con la realidad grosera concluyendo que sí, que la poesía debe ser una ficción, pero una “ficción responsable” (p. 28), sobre la que el autor debe funcionar, a un tiempo, como creador y como “censor” (p. 395).

La traducción serena y sin excesos de Jordi Doce prefiere un buen poema en español como resultado de la traducción a una traslación absolutamente fiel. Ejemplo de ello es el poema “Who’s who”, en el que la rapidez del original acumula tan información que hay que dejar sin traducir términos como “giddy” o “new” para no sacrificar el poema. Las ediciones bilingües, que permiten la confrontación instantánea con el texto original, permiten y hasta hacen recomendable limitar la traslación a la búsqueda de un buen poema de recepción, ya que nada más fiel al texto base que el original mismo. En ese aspecto, las versiones de Doce son sensibles al espíritu y los rasgos de Auden y comparecen como excelentes poemas en castellano, manteniendo incluso la rima allí donde ésta es significativamente irónica (pp. 103-105).

La excelencia de los poemas y el gran interés de los ensayos, más sugestivos como colección de aforismos o pensamientos inteligentes que como reflexiones sistemáticas de gran calado sobre la naturaleza de la poesía, hacen de este volumen uno de esos escasos ejemplos de lo que podemos definir como novedad imprescindible. No lo dejen.