Marta Cárdenas

El artista nace con un gran armario repleto de  sorpresas, pero, ay, sin puertas. Una pequeña rendija le invita a meter la mano y hurgar; rebuscando a ciegas quizás consiga extraer alguna inesperada prenda: un lazo de seda, un botón de asta, una vieja bota o una capa de piel, cuando no una alpargata usada y maloliente.

Nuestro recorrido consiste en sacar del misterioso mueble lo más variado y en la mayor cantidad. Reto y aventura llenos de suspense, capaces de generar la más insospechada pasión; ¿por qué si no Picasso modelaba figurillas hasta con la miga de pan mientras comía? Inigualable delicia la de ver en tu papel algo nuevo y desconocido, hasta ahora mismo latente en tu interior, decía Proust.

¿Cómo activar el alumbramiento de esos escondidos tesoros?

 

Los ejercicios y la investigación de problemas técnicos, abriendo portezuelas interiores hacia nuevas zonas de nuestro armario, nos permiten acceder a lo más inesperado: cada técnica guarda para cada artista una estética nueva. Pero nada de esto funciona sin gasolina: tras cada experimento tiene que haber muchas ganas, mucha curiosidad, intriga. 

Así, mi norma es decir sí sin un titubeo a todo señuelo que me haga guiños: hay que atrapar cada chispazo que salta, porque es un bien escaso y porque, como está en simiente, nunca se sabe lo que esconde en su interior. Me gusta fisgar aquí y allá a la caza de apetitosos filones que me provoquen, y desarrollar cada uno hasta agotarlo: todo terreno sin explorar me tiene reservado un imprevisible y riquísimo aprendizaje.

 
obra4
 

En los últimos tiempos pinto a partir de combinaciones de color y formas anotadas en diarios de viajes o atrapadas en libros, revistas y reportajes: echo mano a cuanto llama mi atención. Poco a poco he elaborado un método a base de ejercicios, usando el dato originario como acicate y punto de partida: en mi laboratorio, es decir en mis cuadernos, juego permutando y combinando colores y formas del origen más dispar, desarrollándolos a capricho con la libertad y la frescura que el medio, tan barato y tan íntimo, me procura.

Esos cuadernos son la despensa de mi estudio. Abro al azar uno de ellos:”¡Huy! ¡aceitunas de Aragón! ¿con qué irán bien?” Revuelvo blocs, libretas, cuadernitos, álbumes… ”¡mermelada de Kumkwat a la cantonesa! ¿qué hago? ¿qué le añado? ¿cómo juntarlo?”  Y al final se crea o no, me acaban saliendo algunos cuadros muy curiosos…

 
obra4
 

Estoy encantada de esta colaboración con Jenaro Talens. Véase lo que escribí a Luis Burgos, autor de esta idea, cuando me envió sus poemas:
“Al momento me cautiva. Formalmente por su ritmo, que penetra profundamente en el lector. En cuanto a los temas y lo que se canta... ¿qué voy a comentar ahora que llego entusiasmada de ver, en Roma y Nápoles, pintura pompeyana y romana? ¡Se parece muchísimo a aquello! Disfrute de la naturaleza, de las bellezas del cuerpo y del amor; y un sentido intemporal -como si nos llegase de épocas arcaicas- y muy mediterráneo.”