Chicago, la capital de Illinois es la tercera ciudad de Estados Unidos. Un modelo de ciudad norteamericana, efervescente de vida y movimiento. Origen del Blues y del Jazz, con numerosos equipos deportivos, amplia gama de comercios y una enorme oferta cultural: festivales de cine, su reconocida Orquesta sinfónica y más de 45 museos entre los que destacan el de arte contemporáneo y el Instituto de arte, con una de las colecciones más importantes del impresionismo francés. Pero si algo es característico de Chicago es su arquitectura, la cuna del rascacielos. Fundada en 1781 en el corazón de Estados Unidos, junto al lado Michigan por un puertorriqueño, Jean Baptista Point du Sable. Se desarrolló de forma considerable hasta que en 1871 queda convertida en cenizas por el gran fuego. Inmediatamente comienza su reconstrucción de una manera vertiginosa. Para hacer frente a las nuevas necesidades se experimenta con diferentes materiales. La reciente llegada del ferrocarril posibilita el uso de gran cantidad de acero y la invención del ascensor permite crear un nuevo modelo de edificio: El rascacielos. Este modelo produce mucha superficie edificada sobre una planta muy reducida. Se desvanecen los muros de carga, sustituyéndose por pilares metálicos. Da más libertad a los huecos de las fachadas y se aumentan las alturas, convirtiéndose el propio edificio en cartel publicitario del desafío tecnológico. Uno de los ejemplos de este proceso lo tenemos en el concurso del Chicago Tribune. En 1922 el periódico convocó un concurso internacional para desarrollar su nueva sede. Debía ser un edificio emblemático, uno de los más bellos del mundo: Obviamente, un rascacielos. Los mejores arquitectos europeos y americanos acudieron a esta llamada: Adolf Loos, Bruno Taut, Saarinen... Dejando una bella muestra de arquitectura no construida, más interesante que la de los ganadores, Raymond Hood y John Mead cuya propuesta fue un rascacielos con motivos góticos. |
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Sullivan fue el máximo exponente de este desarrollo vertical. Sus proyectos de rascacielos convirtieron estos edificios en el símbolo de Estados Unidos. Su reconocida sentencia “ la forma sigue a la función” pasó a ser la máxima seguida para un gran número de arquitectos. De hecho la influencia de su obra se refleja en Wright y Mies van de Rohe. Aquel se declara su discípulo, acuñando el término de arquitectura orgánica. La construcción debía seguir los mismos parámetros que los de la naturaleza. Concibió en 1956 el “rascacielos de una milla de altura”. Mies Van Der Rohe por su parte es el primer arquitecto que aplica el muro cortina de hierro y cristal. La arquitectura de Chicago no ha parado de evolucionar. En el centro de la ciudad, el “Loop” podemos contemplar un sinfín rascacielos para todos los gustos: Góticos, modernistas, neoclásicos... Uno de los edificios más emblemáticos, aunque no muy alabado por los críticos, es la torre Sears. Construida en 1974, fue durante muchos años el edificio más alto del mundo, superando el record que hasta entonces tenían las torres gemelas. Está formada por nueve torres que se agrupan escalonadamente, alcanzando dos de ellas la cota de 443 metros. Sin embargo los fuertes vientos que azotan Chicago, hacen que el edificio se mueva produciendo ruidos que intranquilizan a sus ocupantes. Este record altimétrico le fue arrebatado por las torres Petronas, en Kuala Lumpur, diseñadas por el argentino César Pelli en 1997 La carrera por el tamaño no ha perdido vigencia. Actualmente el taller de arquitectura de Bofill desarrolla un edificio, llamado proyecto 2000, junto con De Stefano & Partners que pretende ser el más alto del mundo: 120 plantas que lo llevarán hasta los 600 metros. Un nuevo hito en el skyline de Chicago, relleno de oficinas apartamentos y un hotel. La mayoría de estos edificios son acogidos con desdén por la crítica, bajo el epígrafe de formalistas y populistas pero con un innegable éxito mediático y social. |