Alguna vez traté de explicar la trayectoria artística de Manuel Angeles Ortiz poniendo en relación los cambios de su pintura con los de su firma, es decir, enlazando las transformaciones o alternativas de su estilo con las variaciones en el modo de inscribir la firma en sus obras.

El planteamiento tal vez pareciera endeble o simplista, pero creo que, como ensayo didáctico, fue revelador y dio resultado. Convocadas las sucesivas rúbricas que empleó el pintor a lo largo de los años veinte y treinta – Manuel Ortiz, Manuel Angeles, Angeles Ortiz, Angeles -, cada una de ellas evocaba un periodo y una manera particular de pintar o de entender la pintura. El joven artista que había firmado sencillamente Manuel Ortiz en temas de un regionalismo ecléctico cercano por igual a Julio Romero de Torres y a Juan de Echevarría, al comenzar los años veinte empezó a firmar Manuel Angeles en asociación con cierto clasicismo cubista de una modernidad decidida. Su amistad con Federico García Lorca y Manuel de Falla en la Granada de su juventud hubo de confirmarle en esa dirección a la vez que intentaba, en las artes plásticas, lo que ellos habían logrado magníficamente en otros campos: aspiración a la poesía pura a través de los lenguajes propios del siglo XX con inspiración popular.

Un paso más en esa dirección, aunque con abandono de lo popular, le condujo a la capital de Francia, donde la poderosa influencia de Picasso y del resto de españoles integrantes de la llamada Escuela de París –a la que se sumará Ortiz- se dejarían sentir en su obra dando lugar al Angeles Ortiz mundano, cosmopolita y vanguardista, y luego, allí mismo en París o en Madrid, al más sofisticado Angeles , el constructivista, surrealista y abstracto. Tras la guerra civil española y en virtud de un proceso acumulativo, todas aquellas formas de pintura o, lo que es lo mismo, todas aquellas firmas, se resumieron en la definitiva Manuel Angeles Ortiz , compendio que recogía todos aquellos nombres, o lo que es igual, toda aquella experiencia plástica fundida en una espléndida síntesis.