Amigo de Federico García Lorca y Rafael Alberti, Manuel Ángeles Ortiz (Jaén, 1895 - París, 1984) trasladó a la pintura su gran sentido lírico, y encarnó la asunción de las poéticas del cubismo. Fue un redescubridor y desarrollador de esta corriente, a la que insufló incansables aires innovadores. Ese afán por la diversidad y la renovación estuvo siempre engarzado por el hilo conductor del cubismo, al que  supo dotar de matices y al que volvió repetidamente por múltiples caminos.

El artista creció en Granada, adonde su familia se traslado cuando contaba sólo tres años de edad. Allí comenzó su formación artística en el estudio de José Garrocha. Años más tarde se trasladará a Madrid y ya en 1922 fija su residencia en París, ciudad donde desarrollará una fructífera trayectoria. Será allí donde establezca sus primeros contactos con Picasso o Juan Gris y consolide su personal estilo, situado entre el cubismo y el nuevo clasicismo. Durante la época parisina jugará un activo papel en el circuito artístico y social de la capital artística europea.

 

En 1932, el artista regresa a Madrid y trabaja en proyectos vinculados a la causa republicana. Su producción durante esta etapa fue especialmente estimada por importantes sectores de la alta burguesía y por destacados dirigentes del Gobierno de la República. Durante la Guerra Civil se significa como miembro de la Asociación de Intelectuales Antifascistas, estando presente en el pabellón de la II República española de la Feria Internacional de París de 1937.

Finalizada la guerra civil la nueva situación política le lleva a un campo de concentración en el sur de Francia de donde le liberará Picasso. Inicia entonces la época del exilio en la República Argentina, donde vivirá hasta 1948. En este periodo Angeles Ortiz retorna a sus orígenes expresándose a través de numerosos registros plásticos: pinta bodegones de acento naturalista, realiza
esculturas con materiales encontrados e indaga sobre las posibilidades de la abstracción lírica. Sin embargo, su regreso a París en 1948 le vuelve a situar en la herencia figurativa del cubismo.

Durante toda su vida, Granada fue la gran pasión de Manuel Ángeles Ortiz. Su reencuentro con los recuerdos de la ciudad de su juventud se produce en la década de los 50, cuando le dedica algunos de los más destacados ejemplos de su producción artística; las series de los Albaicines, las Avenidas de los cipreses y Misteriosa Alhambra. En 1956 regresa de manera definitiva a Francia, donde muere en 1984.

La Galería Luis Burgos Arte del Siglo XX nos acerca, desde el próximo 21 de abril y hasta el 27 de mayo a una singular muestra de piezas de Manuel Ángeles Ortiz. Son los llamados "trabajos de laboratorio", en los que da rienda suelta a su incorregible espíritu explorador. La muestra está compuesta por dibujos, pinturas, cerámicas,  maderas y lienzos recortados procedentes de colecciones privadas.