Fernández Cervera abre su próxima exposición individual el día 2 de abril en la Sala Espacio para el Arte de Caja Madrid (C/ Blasco de Garay 38, Madrid).
La muestra, compuesta por 16 piezas en técnica mixta y acrílico, permanecerá abierta al público hasta el día 18 de abril.

Vicente Fernández Cervera (Valencia, 1958. Vive en Majadahonda, Madrid). Pintor autodidacta, extraordinariamente exigente en la realización de su obra, expresada dentro del arte estructural, Fernández Cervera compartió su práctica de la pintura con el ejercicio de otra y muy diferente profesional durante muchos años, hasta 1999, en que decidió consagrar su tiempo enteramente a la creación artística. 

Todo su proceso pictórico está orientado por el propósito de sintetizar las complejidades conceptuales de la abstracción geométrica con las proposiciones visuales más sencillas, reduciendo la pintura a unos pocos elementos básicos, de carácter sobre todo estructural. La estructura constituye un auténtico sistema de organización de las partes en torno a un principio, posibilitando un juego muy abierto de transformaciones, y al mismo tiempo articulando sus obras de manera rigurosa y unitaria. Ahora bien, la finalidad última que Fernández Cervera persigue en su obra es la de inventar un espacio propio, sólo suyo, inconfundible. Nuestro pintor lucha, pues, por definir las formas y por componerlas como un campo espacial personalizado, propósito verdaderamente difícil dentro del lenguaje de la abstracción geométrica, alejada de toda representación de formas, figuras y lugares de la Naturaleza.  Se trata aquí nada menos que de personalizar la geometría.

Por tanto, al operar dentro del lenguaje y de los sistemas de la abstracción geométrica, el espacio que el pintor crea viene a constituir, ante todo, una idea puramente pictórica. En consecuencia, estos cuadros no pueden contemplarse sino como objetos pictóricos. Son cuadros integrados por diversas combinaciones de prototipos formales, combinaciones que se van encajando unas con otras con precisión -a la manera de un rompecabezas geométrico- sobre el plano del soporte. En estas composiciones el resultado de belleza, limpieza y luminosidad es tan inmediato que el efecto estético acaba por imponerse sobre las calidades plásticas intrínsecas. Sin embargo, merece la pena detenerse en apreciar estas calidades, que vienen a ser las siguientes: una radiante pureza formal; una atrevida y singular armonización de los colores, partiendo del entendimiento de la pintura como color-luz y haciendo que las formas parezcan hechas con luz coloreada; una capacidad compositiva muy depurada, que busca en la geometría en el equilibrio matemático el paradigma estructural del cuadro; y también una utilización del espacio que, en un efecto de plena globalizad, satura la línea del dibujo, la rectitud de la forma, los contrastes y la complementariedad del colorido y las franjas del espacio plano, en una integración tan unitaria que recuerda la opinión de Albert Einstein sobre que «la manifestación del espacio no se puede separar de los cuerpos».