Rafa Satrústegui, protagonista de la próxima exposición monográfica de LB Arte del Siglo XX, nos ofrece un recorrido por sus más de 20 años de trayectoria. Un ejercicio de reflexión en el que el artista nos acerca a sus orígenes como pintor, a su evolución personal, y como no, a la orientación de su última producción artística representada en la exposición que lleva por nombre “Ahora que todavía estás nombrando”.

La muestra permanecerá abierta al público entre el 10 de febrero,
fecha de inauguración,
y 9 de marzo 05

 

Los inicios
Tras licenciarme en Pintura por la Facultad de Bellas Artes de Madrid, me dedicaba a realizar retratos de subsistencia paralelamente a la pintura que me interesaba. Poco después entré en contacto con Darío Villalaba en los Talleres de Arte Actual del Círculo de Bellas Artes de Madrid. Ese fue un paso decisivo en dos aspectos: comencé a prescindir del modelo como punto de partida, lo que me dio mucha más libertad, además comencé a pintar con acrílico y pintura plástica. Villalba nos instaba a buscar nuestros propios fantasmas y a crear un lenguaje artístico propio. A partir de ahí evolucioné hacia estilo muy gestual, influido por su propio expresionismo.

La evolución
La evolución desde aquellos años hasta ahora me ha hecho pasar por diferentes mundos y maneras de plantearme la relación con la realidad. No puedo decir que cada una de esas etapas fuese un compartimento estanco, porque, a pesar de que consecutivamente puedan parecer muy diferentes, son siempre fruto del planteamiento anterior, a veces por una especie de “efecto rebote”, otras por una sintetización de las líneas esenciales que vertebraban la situación precedente. En cualquiera de los casos, no soy nada programático en cuanto a mi desarrollo. Me dejo llevar por los impulsos de la intuición y por la propia obra, sin descartar el regurgitarme a mí mismo, algo parecido a un pintor rumiante.

 

Su estilo
No me interesa el estilo como un fin en si mismo, al menos ese estilo por el cual el público identifica rápidamente al autor examinando una obra. Me interesa (en mí y en cualquier artista) que el resultado sea bueno y no que a través del mismo se pueda rastrear una autoría, una datación o cualquier otra circunstancia de tiempo, lugar o cultura. Creo que es más sugerente ese estilo dominado por lo que no controlamos, en el que se vienen a repetir pautas que pasan desapercibidas para el propio artista. Así es que el único estilo en el que creo es el inevitable, el que viene propiciado por cosas que no buscas pero que surgen espontáneamente.


Su última producción artística
Mi obra ha evolucionado en los últimos meses hacia composiciones más orientalizadas, en las que se han eliminado los elementos superfluos y los espacios vacíos cobran protagonismo. Ahora estoy a medio camino entre lo abstracto y lo figurativo, en mi pintura hay algo identificable pero con un componente de ambigüedad. Además he incorporado al lienzo imágenes de objetos de la vida cotidiana en un guiño al pop art. Las figuras de mesas, escaleras o sillas aparecen desprovistas de connotaciones, como formas visuales puras. Creo que podríamos definir el resultado como un punto de encuentro entre el taoísmo y el pop art; algo cuyo nombre sonaría a marca de galletas o comida para perros: el Poptao.

Con estas pinturas he realizado también una serie de fotografías intervenidas digitalmente. En ellas la pintura, que viene a operar como núcleo de la composición, desborda los límites del marco para invadir la realidad que la rodea. Se trata de una especie de autoinstalación del propio cuadro.

 

El título de la nueva exposición: “Ahora que todavía estás nombrando”
Si pudiésemos ralentizar nuestros procesos cognitivos nos encontraríamos con un instante en el que ya hemos examinado el objeto pero en el que aun no hemos añadido a esa mera percepción un nombre o unas connotaciones. Ese momento, en el que una silla nos es aun una silla, ofrece la posibilidad de darle la vuelta al objeto y, en definitiva, de tergiversar la realidad.