Jesús Aguado, Algunos haikus (o no) desde la nada
De acuerdo con la moda que gozan los haikus en la literatura española actual, se recogen en este libro setenta y una muestras firmadas por Jesús Aguado, en los que a la temática propia del género: la retención de un instante a modo de epifanía, se le añaden otros significados. Esto último, lejos de apuntar a una hipotética crisis del género, informa de su naturaleza proteica, incluso en el punto formal que permite dividir un verso en dos: “Barnizo y pienso. / En la uña una astilla / me grita / ¡elige!”. Lo mismo sucede curiosamente en uno de los haikus más cercanos también a la detención temporal, no sólo para poder contemplar el resto de lo que sucede alrededor, sino simplemente para eternizar la estampa: “La niña. / El charco. / Un barco de papel. / El sol se para.” Esta naturaleza variada convive lógicamente con una inmensa mayoría de muestras “correctas”: “Pasa un cadáver / con las manos atadas. / El río sigue”.
Un río que comprende también corrientes no siempre cristalinas, y es aquí donde se aglutinan el resto de temáticas. De la vena lírica, poética, surrealista cercana al dibujo animado a que nos tiene acostumbrados Aguado: “Escucho un ruido. / Una vaca en el cuarto / come naranjas”, a temas mucho más connotados como la muerte: “Un perro muerto. / Las moscas se preparan / para llevárselo” o el apunte de lúcida sensibilidad: “Impermanencia: / cada día te olvido / de una manera”. También en ocasiones se rebaja el gesto sublime por un erotismo que no deja de señalar en la brújula a una erótica deshumanización: “Abres las piernas. / Paralelas que alcanzan / el infinito”.
En suma, se desprende un enfrentamiento entre la tranquilidad de la vida personal (familiar) y la confusión reinante en el exterior: “Bocinas, timbres, / generadores, gritos. / La piedra duerme.” Finalmente, en la muerte lenta de ese “pez raya” del último ejemplo “se calla un haiku”, se hace el vacío y, por tanto, queda vencida la palabra.
El Lotófago (Galería Luis Burgos)
Madrid
2007 |
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