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| (basado en el artículo publicado en la edición impresa de The Economist (11 de enero de 2007) |
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El dinero fácil se vuelca en el mundo del arte moderno
Siempre se han celebrado los modos de vida no convencionales de los artistas, pero hoy en día son los inversores en arte quienes viven instalados en el riesgo. En 2006, el mercado del arte moderno y contemporáneo alcanzó cifras récord. Las subastas de otoño en Nueva York de impresionismo, arte moderno y contemporáneo alcanzaron más de mil millones de dólares. Un retrato de Gustav Klimt, una pintura de Picasso y una de las más grandes “drip-paintings” de Pollock fueron vendidas cada una de ellas en 130 millones de dólares.
China es la última novia. Sotheby’s y Christie’s, las dos casas de subastas de arte más importantes, vendieron 190 millones de dólares de arte asiático contemporáneo, la mayoría chino, en 2006, es decir, lo que representa más de 22 millones que dos años antes.
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En una subasta celebrada en Pekín en noviembre, una pintura de Liu Xiaodong, uno de los llamados realistas cínicos, se vendió en 2,7 millones de dólares, el precio más alto pagado por una obra de un artista chino contemporáneo. Phillips de Pury, otra casa de subastas, acoge desde el 6 de febrero en Londres una gran muestra de arte chino contemporáneo en la que figuran Fang Lijun y Wang Guangyi, dos artistas chinos de moda. Con tanto dinero circulando en el mundo del arte, no son sólo los realistas cínicos los responsables del recalentamiento en el mercado.
Entre estos figuran Jianping Mei y Michael Moses, de la Universidad de Nueva York, quienes recopilan un índice de precios que muestra cómo el arte de la posguerra y contemporáneo ha obtenido mejores resultados que el índice bursátil más relevante de EE.UU, el S&P 500, en los últimos diez años. El señor Moses augura un próximo quinquenio con un crecimiento anual superior al 20%. La última vez que sucedió algo así fue en los frenéticos años de 1985 a 1990. Si bien no se cree que se haya producido un crack inminente, momento en que estalló la burbuja (el índice Mei Moses cayó más de 60% en los siguientes cinco años). |
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Hay tres fuerzas que hacen subir los precios, según Karl Schweizer, director de la banca de arte de UBS, un banco suizo. Los ricos son cada vez más ricos, se sienten más cómodos con activos alternativos como el arte y hay escasez de oferta –pocos artistas “clásicos” contemporáneos (que trabajaron de 1870 a 1950) y artistas de la posguerra han producido obra de valor duradero. Algunos inversores están incluso aventurándose en áreas más arriesgadas del mercado, la del llamado “arte húmedo”, o el recién bajado del caballete. El mercado está saturado. Pero el potencial de los beneficios de la especulación resulta irresistible para los aspirantes a “connoiseurs”. |
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Muchos creen que los precios continuarán subiendo. Los inversores vienen cada vez desde más lejos y llegan con los bolsillos repletos. Mientras que los inversores japoneses compraban fundamentalmente arte impresionista francés a finales de los 80, los compradores emergentes de hoy día, procedentes de Rusia, China y Latinoamérica, tienen gustos más eclécticos. Están, además, mejor informados gracias a la proliferación de índices de arte, ferias y sitios web como Artprice.com.
El arte no es el único activo inflado. La liquidez global responde a cómo el dinero se disgrega en cualquier tipo de inversión con el potencial de producir un retorno rápido. Si la liquidez se frena, el arte se verá lógicamente afectado, aunque al menos un Jackson Pollock queda colgado en una pared mejor que un certificado de acciones. |
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