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Tanto si nos gusta como si no, el Arte Pop ha sido el mayor fenómeno artístico de la segunda mitad del siglo XX, en especial el realizado en la década de los 60 y de los 70. Mientras todo el mundo decía que los escándalos en el arte decididamente no eran lo que solían ser, la aparición del Pop Art causó tormentas críticas, protestas y salvajes disgustos. Para entender este fenómeno tendríamos que regresar hasta los felices tiempos en los que Madame Napoleón III enlataba los traseros plebeyos con pinturas de Courbet, cuando la escuela de Bellas Artes de la Calle Bonaparte se escandalizaba ante el nombre de “impresionismo”, cuando el acaudalado Munich burgués ardía de indignación por las pinturas de Kandinsky y Franz Marc, cuando los devotos miembros Socialistas de la Asamblea Nacional proclamaron el país en peligro porque todo apuntaba a que Guillermo II, a través de la obra de Picasso, corrompía la Inmortal herencia cultural Francesa . No es una exageración. Una mirada hacia atrás nos muestra las rasgaduras de vestidos y los mohines de desprecio por parte de los periódicos franceses en el año 64 cuando

se le otorgaba el premio de la Bienal de Venecia al americano Robert Rauschenberg. Esto nos muestra cómo en aquel momento esta noticia se vivió como un waterloo artístico. No obstante, Rauschenberg era sólo el preludio del Pop. Lo peor estaba por llegar.

A pesar de sus orígenes británicos comúnmente aceptados (Paolozzi, Tilson), el Pop Art es un movimiento legítimamente americano que goza de una extraordinaria salud. Si bien tiene sus antecedentes y consecuencias en Inglaterra y Alemania, su desarrollo básico se produce en EE.UU. Después de casi cincuenta años de su aparición continúa influyendo saludablemente en todas las nuevas culturas en expansión y en muchas de las más sólidas y establecidas, bien con su mismo nombre o con derivados que no esconden, sin embargo, la naturaleza de su origen.

 En sus inicios (1955) el término Pop Art se aplicó a las actividades de un grupo de artistas británicos (entre los que se encontraba un Americano: Kitaj) residente en Londres, que tomaron como materia prima de su arte la nueva cultura Popular, o sea, la que aparecía en los cómics, las revistas ilustradas, el rock´n roll y el cine. De Richard Hamilton, “Just What Is It That Makes Today's Homes So Different, So Appealing?”.

En 1957 asoma la primera obra Pop aparecida en Inglaterra, pero ya antes un artista de Dusseldorf, Konrad Klapheck había pintado un cuadro de una máquina de escribir, que ostenta el honor de ser uno de los trabajos más originales de nuestro tiempo. Pero incluso, y a pesar de estos incuestionables hechos, dichos trabajos tenían menos en común con el arte americano de lo que se suele admitir. Siendo sinceros, los británicos y el alemán tenían más que ver con el expresionismo, con Tanguy y Magritte que con los objetivos del nuevo movimiento.

 

En ningún lugar fuera de USA, el Pop Art ha dado lugar a cinco figuras del calibre de Lichtenstein, Oldenburg, Rosenquist, Warhol y Wesselmann. Los ingleses Hamilton, Kitaj, Allen Jones, y Peter Phillips, son difícilmente comparables sin menospreciar su calidad, y otros como Paolozzi, Dossier, Cauldfield, Donaldson, Hockney, Laing y Tilson han ido buscando su lugar en el mundo del arte, pero desde un lugar muy alejado del olimpo americano. Fuera del mundo sajón los artistas destacables dentro del Pop Art que podemos encontrar son en Italia, Valerio Adami; en Suiza, Falhström (que vive en Nueva York), Klapeck en Alemania y el pintor de origen haitiano Hervé Tèlémaque en Francia. En España la entrada de este movimiento ha sido más lento, pero ha dado lugar a personalidades muy singulares, entre las que cabría destacar a Eduardo Arroyo, a Luis Gordillo y al Equipo Crónica, a los que dedicaremos un capítulo aparte.

Aunque los artistas americanos no son ni mucho menos un grupo compacto ni representan un movimiento homogéneo, los nombres anteriores presentan tantas diferencias como semejanzas. La definición de estas debiera ir más lejos que la mera señalización de determinados trazos comunes y dedicarse a distinguir lo que define al Arte Pop como una actitud cultural propia del occidente contemporáneo. No obstante, es dicha flexibilidad la que legitima la expresión de los distintos temperamentos y de las diferentes ideas de los sujetos, lo que es una muestra irrevocable de su vitalidad. Téngase en cuenta que culturas tan declaradamente hostiles hacia América como la China y la Cubana (a la sazón, ambas comunistas) tienen uno de los movimientos Pop más activos del mundo, aunque, eso sí, disfrazados bajo el nombre de realismo socialista.
 
 

El Pop Art no es más que la Sociedad de consumo tomándose a sí misma como objeto de su propio arte. Sería mas exacto decir que depende del uso directo de las imágenes que reflejan la sociedad de consumo. Las imágenes que se emplean se nos ofrecen sin ningún intento de embellecerlas. Los artistas incluso exageran su mal gusto, la ordinariez de su origen destinado al consumo de masas: fotografías de periódicos, por ejemplo, con sus imperfecciones como medios tonos, saturación de color y su fealdad. Desde este punto de vista el Pop Art representa probablemente la fase final de la lucha que comienza en el Romanticismo, a finales del XIX, con la voluntad de destruir la distinción entre lo considerado noble y vulgar de aquello que podía estar sujeto a una representación artística. Hoy las largas disertaciones del Kalias de Schiller sobre la educación estética del hombre resultan tan ajenas como un manual de esgrima.

En las artes visuales no fue hasta la llegada del cubismo cuando artistas como Bracque o Picasso consideraron dignos los elementos arriba citados y no tuvieron reparo en integrarlos en sus pinturas, esculturas o collages. Durante la década de los 50 – 60 proliferaron todo tipo de assemblages hechos con basura, Rauschenberg insertó piezas de radio, paraguas, escaleras, pollos cocidos, cabras disecadas, etc. El Pop Art difiere del assemblage en que el primero no emplea objetos reales, sino que los integra en las pinturas o los hace objeto de sus esculturas, al estilo de la publicidad, la tira de prensa o los posters. Esta es principalmente la diferencia también entre el Pop Art y los “nuevos realistas”, con la excepción de Martial Raysse.
 

Tales características propias de los artistas Pop presentan muchas afinidades con las pinturas de Magritte, quien pintaba objetos ordinarios, personas y paisajes de forma neutral, pero son diferentes vez de los ready-mades de Duchamp (el urinario, la rueda de bicicleta o la caja de botellas firmadas alrededor de 1914). Dicho estilo de apariencia impersonal es una de las principales características de que el Pop Art americano se muestre ajeno a las intenciones subversivas de Magritte.
Aquí surge la cuestión de cómo abordan los artistas la relación conflictiva entre el significado, y, por ejemplo, los periódicos representados suponen.

La respuesta que han dado habitualmente a esta cuestión, especialmente Lichtenstein y Warhol es de indeferencia ante esto. El único factor que debe tenerse en cuenta es el estético a la hora de seleccionar las imágenes. Dicha actitud se refleja en la ausencia de controversia de todas las imágenes del Pop, que hoy es su principal virtud en los mercados de arte. Su absoluta neutralidad les obliga a hacerse gratos en un mundo lleno de imágenes cargadas de contenido político. Esto contrasta, sin embargo, con la actitud de los artistas en Europa, por ejemplo, donde la forma de seleccionar las imágenes es la misma pero, sin embargo, muchas de ellas están revestidas de una gran carga política (véanse en España el Equipo Crónica y Genovés).
Es clara la relación con la muerte y la gloria que decide la selección de obras de Warhol, o el tenue sadismo de Liechtestein (sus escenas de guerra y sus llorosas heroínas), el primitivo asombro de Rosenquist ante el espectáculo urbano o la vulgar lubricidad de Wesselmann. En el caso de Oldenburg, sus objetos gigantes se ven como una reminiscencia de la niñez; no en vano en muchos casos ha sido considerado un surrealista.

El Pop Art adquiere su particular significado cuando alcanza la relevancia de constituir en sí a un artista, la proyección del ser íntimo de un creador que no puede expresarse en otros términos. En esta situación idílica, el creador resume en su obra el sentir de sus coetáneos y de la sociedad en que vive de forma ejemplar, representativa y única. Muchos de sus detractores han insistido en que el éxito del Pop Art se debe a sus cualidades formales. Debe de repetirse que estos caracteres distintivos que en su momento atraían la atención y que hoy son ya lugares comunes, por ejemplo: grandes dimensiones, composición sorprendente, colores dulces o estridentes o cuidadosa ejecución, no justifican su privilegiada situación en el arte actual. Es obligado recordar que en cualquier período de tiempo y en cualquier lugar, las cualidades plásticas sólo se aceptan si son vehículo de una visión original y sólo son comúnmente seguidas y tenidas por ciertas cuando epitomizan, o compendian lo más representativo de la época a la que representan, y este es sin duda el caso del Arte Pop.

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