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| (artículo extraído de Beaux Arts, 272 (février 2007), pp. 39-51, de Rafael Pic (“Les secrets de la création à deux” y el de Estrella de Diego, “Oh, really? El radical encanto de una conversación intrascendente”, en Arte y Parte, 37 (2001), pp. 60-68) y de Mónica Rebollar en Lápiz (junio 2004), “A cuatro manos”, pp. 18-33). |
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De la mano de la liberación sexual vino el fenómeno de la creación conjunta entre dos hermanos, los miembros de una pareja, etc. Existen antecedentes como el de Christo (el nombre de uno de ellos) y que son los primeros en presentar una obra hecha entre dos personas: Dockside Packages: un montón de barriles de petróleo empaquetados en el puerto de Colonia en 1961. Desde entonces, como nos recuerda Mónica Rebollar, “han envuelto y empaquetado caminos, árboles, valles, estatuas, litorales, torres y puentes antiguos (…) cubriéndolos con telas y cuerdas de cualidades y color cuidadosamente seleccionados. (…)
La ocultación de estas maravillas resalta precisamente su condición de fetiche, y el envoltorio las convierte en mercancías, objetos de consumo”.
Puede rastrearse algún caso más, pero en general es extraño el trabajo conjunto antes de los sesenta. La pareja paradigmática ha sido Gilbert & George, para los que es imposible determinar dónde acaba y dónde empieza el trabajo de cada uno. |
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La creación es una entidad única, con independencia de cuántas manos haya habido en su forja. Lo importante es que uno acabe la frase que comenzó el otro. Existen emparejamientos de diversa naturaleza: los familiares (como es el caso de los hermanos Chapman, las hermanas Müller, etc.), amorosos (Gilbert & George), (Bernd & Hilla Bercher), o de amistad (Fischli & Weiss). A este respecto Rafael Pic se pregunta si las asociaciones de artistas son testimonios de cómo el arte estrecha los vínculos. ¿Será un modo de avivar el amor? Lo importante de este tipo de colaboraciones se fundamenta en la ausencia de la rivalidad, y son tantos los modos sobre cómo se logra esto que el psicoanalista Alain Valtier, entre otros, se siente incapaz de enumerarlas o ponerlas en orden.
Antes de enfrascarnos en los nombres más célebres cabe detenerse en algunos otros ejemplos. Cabe citar a Pierre & Gilles: dos personas de procedencias muy diversas que se encuentran en París en los años 70 y comienzan a colaborar. Pierre se dedicaba a la fotografía y Gilles a la pintura, pero se conocen 1976 en una fiesta de Kenzo. A partir de ahí empieza el contacto, comienzan a asesorarse uno al otro y un año más tarde ya estarán colaborando.
Han trabajado en retratos de estrellas de la canción, compuesto series de héroes mitológicos enmarcados con lentejuelas y durante mucho tiempo para la prensa, a pesar de algunos inconvenientes que pusieron al respecto la revista, por ejemplo, Marie-Claire. Su forma de trabajo es siempre la misma: una vez que se ponen de acuerdo sobre lo que van ejecutar, Pierre lo fotografía dentro de su impresionante decorado teatral dentro. Después Gilles pinta antes que los asistentes vean los resultados complejos que se desean. Existe una sola excepción en esta repartición del trabajo. Pierre pinta los guijarros. “Y yo, comenta Gilles, hago las fotos-souvenirs con mi teléfono móvil. |
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Otro ejemplo es el de los hermanos Ronan & Erwan Bouroullec, que afirman trabajar de manera conjunta en aras de la eficacia cuando comprobaron que existía entre ellos un buen entendimiento, que se sugerían posibilidades creativas entre sí, pese a alguna tensión que nunca llega a la ruptura dado el vínculo familiar.
En el caso de Eva & Adele la unión se extiende al aspecto físico: cabeza rapada, la misma ropa, etc. Adela y Eva, que es transexual, rebasa los vínculos habituales entre los sexos. “Nosotras no tenemos en cuenta nuestra pintura anterior. De hecho, hemos hablamos de nuestras obras antes de 1989. Las hemos recubierto de pintura y eliminado nuestras firmas. Escribimos encima el término “futuring” e inscribimos nuestro logo: “la fusión de dos cabezas”.
Anne & Patrick Poirier exploran en sus obras el paso del tiempo, la memoria y la fragilidad humana. De hecho se conocieron en el Louvre mirando el cuadro de Poussin Et in Arcadia ego. Los Poirier se cuestionan por qué los músicos trabajan en conjunto y no los pintores. Si bien reconocen que puede surgir alguna tensión, comentan que esta se produce después, nunca durante el proceso de creación. Patrick compara este con el ping-pong, en el que “uno lanza la idea inicial y esta se discute y corrige”, pero sin tener la sensación, añade, de ser dos personas diferentes.
Dubossarsky & Vinogradov son los artistas malditos del arte ruso. Su pintura integra los tópicos del realismo soviético con los códigos de la sociedad de consumo, y su asociación se debe al azar y al vodka: el suceso se produjo cuando el segundo tenía que llevar a cabo el proyecto de “Picasso en Moscú” y un día, frente al vodka, comentó al primero que no iba a terminar a tiempo. Dubossarsky se ofreció a ayudarle y desde entonces siempre han trabajado juntos bajo la condición de veto de uno al otro. Hoy en día trabajan en la línea de lo que podría considerarse el pop art en versión rusa. |
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Por último cabe dedicar unos párrafos a Gilbert & George, o la pareja más emblemática del arte contemporáneo británico. Ambos se complementan de acuerdo con una perfecta armonía en todos los aspectos: desde su vestimenta a sus orígenes en zonas rurales, hasta el extremo de afirmar que “No hay colaboración, Gilbert & George son dos personas y un mismo artista”. Ambos se consideran “esculturas vivientes”, en caso de ser entrevistados, uno comienza una frase y es el otro quien la finaliza. Jamás podrá atropellar un autobús a uno, porque “nosotros cruzamos siempre juntos”.
En su órbita temática están algunos temas sociales como el de la homosexualidad, la delincuencia juvenil, los vagabundos, el sida, la religión... y siempre lo enfocan de una manera particular. ¿Demagoga?, se cuestiona el autor del artículo, quien acaba empleando otro adjetivo: “Desbordantes”. En todos los sentidos, además. Incluso en el referente a las drogas. Gilbert & George afirman haber acudido al alcohol durante muchos años. Era el modo de acceder a una profundidad mayor, su radicalidad. En el caso, por ejemplo del otoño de 1991 hicieron un espectáculo subidos a una mesa, con las caras pintadas de oro y una indiferencia completa hacia los “espectadores”, realizando una coreografía básica y repetitiva a modo de ritual moderno. No obstante, la idea sobre la que gira su condición artística es la defensa de que ellos en sí son la obra. En líneas generales han optado por una actitud moderada, con excepción de sus obras escatológicas. De hecho, ellos mismos comentan cómo ante los excrementos todo el mundo parece sentirse obligado a decir algo. Estas series de “mierda” son autorretratos y retratos de antihéroes, etc. Es célebre la anécdota de una cena en la que invitaron al célebre David Hockney (por entonces, un artista “comercial” frente a la propuesta mucho más “conceptual” de esta pareja) e invitaron a cien personas para que asistieran al acto de la propia cena entre ellos dos. Se enfatizaba así el postulado de que cualquier persona puede ser artista.
En resumen, que el arte no es siempre cosa de un individuo sino que puede estar llamado a una ejecución compartida sin celos ni críticas interpersonales.
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