El Lotófago
Números anteriores
Catálogo de libros
Editorial El lotófago.
Villalar, 5. Madrid.
Tel.91 781 18 55.
info@lotofago.com
     
  Roscubas en Galería Luis Burgos
  Creación a Dos
  Pop Art
Novedad El Lotófago
Otras novedades
  Poemas de Antonio Lucas
Obra del mes
Asesoramiento
  Subiendo, subiendo
  Dinero en la pared
Novedades
 

Luis Gordillo en el MNCARS

 » Entrevista con Fernando Roscubas    » Texto de Vicente Roscubas   imprimir artículo

En cierta ocasión, un buen amigo nos dijo una frase que se nos quedó grabada y que de vez en cuando nos hace pensar. Se trataba de hacer un estanque con varias fuentes a modo de cántaros, de las que brotaba el agua que luego caía en el estanque.

El trabajo había que realizarlo en poliéster, en lo que nosotros somos expertos y también así lo creyeron ellos. Lo novedoso del trabajo consistía en que dicho estanque se hallaba en el piso noveno de un edificio de oficinas.

Pasado el tiempo, ya concluido nuestro estanque y en periodo de pruebas, se vio cómo el agua se filtraba por múltiples poros y goteaba hasta el primer piso. Fue entonces cuando este buen amigo y promotor del proyecto nos dijo la frase: “sois unos artistas, aunque no lo parezcáis”.

No sé muy bien qué nos quería decir con eso, pero de alguna manera tenía razón, la verdad es que Fernando parece un obrero de la construcción y yo un hojalatero, que es lo mismo pero con mono azul.

Esto viene a colación porque a primera vista, en un primer encuentro, nadie nos tiene en consideración, no se percatan de nuestra valía, nadie nos da crédito; y es que no somos “en forma” como el resto de artistas, no parecemos artistas, ¿qué somos? Realmente artistas, demostrado y contrastado a través de una larga trayectoria, que por otro lado siempre ha discurrido a contracorriente del devenir de las tendencias de cada momento, nunca nos hemos sumado a estas. Por ello y un poco más, no parecemos artistas, por ende y algo más somos artistas. Ahora, yo que soy Vicente, soy dibujante, escultor, fotógrafo y lotófago; Fernando, sólo es o sólo sabe pintar y cada día lo hace un poco peor, pero incluso cuando lo hace mal tiene hechuras de artista. Fernando no sabe cantar, se le da mal bailar, no sabe tocar la guitarra, pero eso a mí no me preocupa, ni tampoco me preocupa que no sepa dibujar; eso sí, los clavos los pone como nadie, pero no sabe lijar, eso es lo que me preocupa. Me paso mis buenas horas del día lijando, que no fornicando, aunque parezca similar.

El otro día, con motivo de una festiva inauguración en el museo Guggenheim de Bilbao, nos preguntaron dónde nos gustaría ver colocada y dónde no una obra nuestra. Pues bien, respondimos, y de esto hace ya mucho tiempo que íbamos Fernando y yo paseando en una apacible tarde noche, y los montones con las bolsas de basura ocupaban media acera; de pronto en uno de esos montones nos topamos con un cuadro pintado al óleo. ¡Sorpresa! Era de Fernando Roscubas. La cara que puso era todo un poema, ¿qué quieres? le dije, ¿no ves que ese cuadro lo vendiste hace más de dos años y no te das cuenta que la pintura todavía no ha secado, está tan fresca como el primer día? Fernando que es un cocinillas, pensaba decir alquimista, pero ya no me atrevo, debió de confundir algo que a la postre resultó fatídico.

 

Después de esta experiencia, creemos que cualquier lugar es digno para ver colgada una pintura nuestra, incluso entre la basura, que siempre aparece alguien que la recupera y eso es tan satisfactorio como venderla o verla en las paredes del mejor museo.
En cuanto a mis gustos y preferencias musicales y cinematográficas soy de amplio espectro y siento especial pasión por los iconos sexuales de los sesenta, tales como Brigitte Bardot, Jayne Mansfield o Anita Ekberg, de las cuales poseo una extensa colección de fotos y postales.

Referente a esta cuestión se me ha preguntado con quién me gustaría poder charlar tranquilamente una tarde entera. Ciertamente preferiría pasar una “noche entera” con Jayne Mansfield, vivo o muerto. Respecto a la lectura, soy muy de andar por casa, padezco ensimismamiento con las aventuras de “El Pícaro Koñón”, de las que soy un asiduo lector. No me tomo la vida demasiado en serio; eso sí, cuando paso por delante de un caballete hago la señal de la cruz a la par que me arrodillo, y es que las cosas del arte, sí me las tomo muy en serio, casi con fervor religioso.

imprimir artículo