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14 de octubre de 2004
De la edición impresa de The Economist
Los fans del arte contemporáneo ríen los últimos
Sólo los más fashion han sido invitados a la fiesta nocturna de inauguración de la Frieze Fair de Londres el 14 de octubre de 2004. Estará atestada de amantes del arte, coleccionistas y celebridades (Jude Law, un actor, y Kate Moss, una modelo, están confirmados) y le seguirá una semana repleta de desayunos con champán, performances improvisadas y espléndidas recepciones para animar a los clientes a soltar el dinero para comprar obras de los artistas contemporáneos más en boga –como Gerhard Richter, Cindy Sherman, Matthew Barney o Jake y Dinos Chapman.
“El arte es sexy, supone dinero, ascenso social y es fantástico”, decía Thomas Hoving, ex-director del Metropolitan Museum de Nueva York. Esto no ha sido verdad en el mercado del arte de Londres hasta hace unos pocos años. Pero ahora, una feliz conjunción de todas esas virtudes significa que el negocio está de moda y en auge.
Lo sexy viene primero. Fue en parte llevado hasta lo hortera por el emprendedor Damien Hirst y sus amigos, quienes interesaron a los medios a finales de los 80 con su primera exposición, “Freeze”: en ese momento, la escena británica del arte contemporáneo estaba confinada a una moribunda Tate, además de unas cuantas galerías de Cork Street en Mayfair.
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El arte contemporáneo internacional sólo se podía encontrar en la Saatchi Gallery al Norte de Londres. La exposición “Sensation” en la Royal Academy en 1997 y la apertura de la Tate Modern en el 2000 ayudaron a cambiar esta situación.
Acto seguido aparece el dinero. De acuerdo con un estudio publicado por el Arts Council el 15 de octubre, el mercado del “lanzamiento del arte contemporáneo” en Londres ha crecido en diez años desde prácticamente cero hasta cerca de 500 millones de libras (900 millones de dólares) por año: esto en cuanto al mercado primario, es decir el que corresponde al arte que se vende por primera vez, sin incluir el mercado secundario.
Sólo en el año pasado, grandes nombres internacionales como Gagosian, Sprüth Magers Lee y Hauser&Wirth han abierto locales en la capital. Cuando Larry “Go-Go” Gagosian, el marchante más poderoso de América, abrió su segunda galería en Londres –un espacio de 12.500 metros cuadrados- a principios de este año, dio una cena para 200 personas bajo un fresco pintado por Rubens en Whitehall, el local más distinguido de cenas de Gran Bretaña. Jay Jopling (que representa a Damien Hirst y Tracey Emin, dos de los grandes nombres del BritArt, que además está casada con Sam Taylor-Wood, un tercero) va a abrir también una nueva galería en una antigua subestación eléctrica. Ahora hay unas 35 galerías de calidad en Londres, más que en cualquier otra ciudad europea. Los críticos y estudiosos más importantes están también allí ahora.

Los antiguos maestros, los impresionistas y las ventas de antigüedades solían ser los grandes eventos de las casas de subastas londinenses. Pero François Pinault, que compró en 1998 Christie’s, una casa de subastas pija, marcó el camino del negocio del arte centrándose en el arte contemporáneo. El viejo mundo del arte ha aceptado al nuevo con entusiasmo: el aristocrático Henry Wyndham, director de la rival Sotheby’s, ha invitado al señor Hirst a una bulliciosa fiesta en la sala de New Bond Street de la casa de subastas (paredes empapeladas con la marca de la mariposa, invitaciones de edición limitada) para promocionar la venta de las obras del desaparecido restaurante del señor Hirst en Notting Hill, Pharmacy.
La mayoría de los compradores de arte contemporáneo de Londres son extranjeros, pero incluso los ingleses están entrando en ello. Los nuevos ricos ya no están interesados en los Gainsboroughs, los muebles Chippendale o la plata, que les permitía ascender en la escala social. El nuevo dinero mira hoy en día al arte contemporáneo para darse un toque de clase. El mejor indicador de esto –como casi todo hoy en día lo que hoy conjuga lo sexy, el dinero, el ascenso social y es fantástico- es David Beckham, el jugador de fútbol inglés más famoso: este año le regaló a su esposa un lienzo de Damien Hirst con forma de corazón en el que aparecen mariposas muertas como regalo de aniversario de boda. |